SANTIAGO, 14 de mayo 2009.
Por lógica del Sistema binominal y herencia del régimen anterior, las fuerzas políticas tendieron a agruparse en dos grandes tendencias.
Esto significó un cambio con los tradicionales tres tercios.
Los exegetas de la Constitución del 80 y los realpolitik de la Concertación, creyeron que la división entre dos grandes fuerzas sería para siempre.
La seguridad de éstos se fundó tanto en la eficacia en el ejercicio del poder, como que la estabilidad política está mejor garantidos por la existencia de dos grandes coaliciones que por los tradicionales tres tercios.
Si a lo anterior se agrega, sobretodo para la coalición gobernante, lo que significa repartir cupos parlamentarios, cargos de gobierno a todo nivel y otros cálidos beneficios del poder, las dos grandes coaliciones parecían destinadas a regir el tercer milenio entre nosotros.
Sin embargo, todo cambia y la realidad política no está exenta. Al contrario, la historia es el mejor ejemplo de que nada es eterno o para siempre. Todo en la vida es esencialmente mutante y ahí está su gracia. Y por cierto, la Concertación y la Alianza no pueden escapar de esta realidad.
Y, eso es lo que ha estado ocurriendo entre nosotros.
En la Alianza al comienzo sus relaciones fueron tirantes y competitivas, para luego ceder al ímpetu de la UDI y al legado de Jaime Guzmán con el mundo popular y la pobreza. Ahora, como ironía del poder, se alejan de ese mundo para ser liderados por el más conspicuo representante de la concentración de la riqueza.
Por su parte, al comienzo la Concertación fue hegemonizada por la DC, pero su dirigencia salvo contadas excepciones y por diversas motivaciones fue cediendo paulatinamente espacio y poder a una izquierda “renovada” para profundizar el modelo neoliberal.
Después de 20 años, prácticamente la DC ha cedido todo el campo a las fuerzas de izquierda y se alejó de todas sus visiones de progreso social. Al comienzo la DC era dos tercios de la Concertación, hoy es menos de un tercio. Pero lo más grave es que la DC ha dejado de representar el centro político.
Se nos dirá que no es así, porque el candidato presidencial es demócrata cristiano. ¿Pero, a que precio? Prácticamente ha cedido en todo o está dispuesto a hacerlo. Se allanó a considerar el aborto terapéutico y acepta un acuerdo con el Partido Comunista para elegir parlamentarios, aduciendo cándidamente que es meramente electoral.
El centro político en Chile, ha quedado entregado a su suerte y esto se veía venir hace tiempo.
Nosotros nos hemos rebelado contra quienes se decían ser los representantes del centro político.
Por eso, que hoy queda clara la validez y vigencia de nuestra decisión de enfrentar a la dirigencia de la Concertación.
Nosotros creemos que el centro político tiene que tener una expresión y definición clara y realmente representativa en lo político, económico social y valórico. Esto es condición esencial para la estabilidad y desarrollo integral del país.
Somos el centro político en Chile.
Por eso hemos aceptado el desafío presidencial. Lo hacemos para levantar un discurso que nos lleve a implantar una auténtica economía social de mercado, que se traduzca en la participación de cientos de miles de pequeños y medianos empresarios en conjunto con grandes empresarios. Que se asegure la competencia en beneficio de los consumidores y que el crecimiento del país traiga aparejado una buena distribución del ingreso. Donde la libertad sea ejercida por todos con responsabilidad a todo nivel y en todos los campos. Donde la clase media tenga seguridad, dignidad y trabajo estable. Y los trabajadores participen de las utilidades en sus empresas. Donde se echen las bases para una auténtica regionalización y finalmente, donde se avance con políticas de clara reconciliación y reencuentro entre los chilenos y se rescate el sentido histórico político del plebiscito del 5 de octubre de 1988. Donde no hubo vencedores ni vencidos, ganó Chile.
Estamos conscientes que tenemos un gran desafío. Al mismo tiempo, estamos seguros que se abrirá el espacio para la consolidación de un nuevo referente político de un centro humanista, amplio y moderno, con proyección presidencial y con representación parlamentaria propia. Esto será un gran logro y lo más determinante que nuestro testimonio y el de los 5 diputados que renuncian a las comodidades y seguridad del poder, servirá para que las futuras generaciones vuelvan a creer en la política.
Porque somos el centro estamos con el pueblo y con Chile.
Adolfo Zaldívar Larraín
Candidato Presidencial Independiente
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