
El senador Adolfo Zaldívar anunció este mediodía que no se presentará como candidato Presidencial en representación del Partido Regionalista de los Independientes, PRI.
“He resuelto lo anterior pensando en el bien de Chile y con plena conciencia del realismo que estos tiempos requieren”, aseguró.
En conferencia de prensa, Zaldívar, junto a los diputados Jaime Mulet, Alejandra Sepúlveda, Carlos Olivares, Pedro Araya y Eduardo Díaz dio a conocer la siguiente carta:
Estimadas amigas y estimados amigos:
Con sentimiento de gratitud me dirijo a Uds. que me concedieron el honor de ser el Candidato a la Presidencia de La República del Partido Regionalista de los Independientes, para informarles, mi decisión de declinar esta candidatura y concentrar todos mis esfuerzos en lograr un buen resultado parlamentario.
He resuelto lo anterior pensando en el bien de Chile y con plena conciencia del realismo que estos tiempos requieren.
Ustedes conocen mi trayectoria en la vida pública y me han visto siempre en la vanguardia de los procesos sociales, políticos y económicos.
Fuimos de los primeros en defender los derechos humanos durante el régimen militar porque creemos en la dignidad del hombre independiente de su género, creencias y etnias.
Contribuimos resueltamente a impulsar la estrategia que nos permitió un tránsito pacífico a la democracia y que terminó siendo aceptada por los chilenos.
Fuimos y somos partidarios de crear las condiciones políticas e institucionales que permitan superar de una vez por todas y definitivamente las divisiones del pasado, como signo de reencuentro nacional con ocasión del bicentenario patrio.
Nos rebelamos contra la corrupción y la forma como se ha aplicado el modelo económico sin sentido social y ajeno a la realidad del país. Se ha generado así la mayor concentración de la riqueza y la peor distribución del ingreso en nuestra historia. Esto ha pauperizado a nuestros sectores medios, endeudándolos de por vida. Al mismo tiempo se ha perpetuado la pobreza como consecuencia del reemplazo de la justicia social por un asistencialismo bajo el eufemismo de “protección social”. Y finalmente, se ha eludido por décadas enfrentar con coraje político el problema endémico de la educación.
Debo declarar asimismo, que estoy convencido absolutamente de la urgencia de regionalizar el país, tanto para lograr la eficacia del poder como para frenar la creciente corrupción. Esto debe ser una bandera de lucha de nuestro movimiento que abrace de norte a sur a nuestro Chile.
Fortalecer el centro político es una exigencia fundamental para encarar estos desafíos con equilibrio y resolución. El centro político es garantía de representar a las personas con legitimidad en lo político, social y económico, evitando la ideologizada polarización entre las izquierdas y derechas propias del siglo pasado.
Promovemos el mayor espacio posible al ejercicio de la libertad de emprender, para así lograr el mayor crecimiento posible, con responsabilidad hacia uno mismo, con los demás y el medio ambiente.
Nuestras denuncias en el pasado caían en el vacío y sólo encontraron eco y fueron asimiladas después de mucho bregar y predicar en el desierto. Ahora debemos luchar porque estas demandas económicas, sociales y políticas terminen siendo mayoritariamente acogidas por la sociedad chilena.
Créanme y tengan fe, estas semillas que algunos han recogido temerosamente, y que debieron haber sido materias fundamentales en el debate presidencial, germinarán no sólo en la mente de nuestros compatriotas sino también en sus corazones y serán millares los que en el futuro las compartirán, para hacer de Chile un país más justo, próspero y solidario.
Una nación que ofrece a todos una verdadera igualdad de oportunidades, distribuyendo con equidad las riquezas y el esfuerzo del trabajo será verdaderamente grande, democrática y siempre respetada.
Para lograrlo deben crearse imperiosamente condiciones para una plena movilidad social y democracia a todo nivel.
Queremos representar y ser la voz de las mujeres, de los profesionales, de los trabajadores, de los gremios, de los campesinos, de los pequeños y medianos empresarios, de los jóvenes, y de todos los que resulten excluidos del progreso y oportunidades, como consecuencia de un proceso de globalización asumido sin las correcciones adecuadas a nuestra realidad nacional.
Si este tiempo no nos fue propicio; si nos privaron los espacios para llegar con nuestros planteamientos y demandas, tengan la certeza que llegará el momento en que en Chile se hagan los cambios, que esta generación y las siguientes requieran para vivir en plenitud una democracia real.
Con plena convicción, los insto a trabajar con resolución y convicción. Podrán obstaculizarnos, pero no podrán nunca detener, este movimiento irreversible.
Les reitero mi gratitud por el alto honor concedido y los invito a volcarse de lleno por el triunfo de nuestras candidaturas parlamentarias que deben constituirse hoy en nuestra máxima expresión política.
Santiago, 14 Septiembre de 2009.
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